martes, agosto 06, 2002

Maximizando el Discurso Oficial

(Este es un muy interestante artículo en dos partes por Ernesto Priego, sobre el mediocre comic que Ka-Boom! Studio hizo para el gobierno del presidente mexicano Vicente Fox - pero la reflexión que propone se aplica a cualquier forma de arte a servicio de intereses superiores...)


La mariposa inmóvil: SuperFox

Por Ernesto Priego

Como con los superhéroes, habría que verlo para creerlo. De nuevo, como cuando reescribió Macbeth pidiendo un hoy, hoy, hoy o como cuando prometió solucionar el conflicto indígena en Chiapas en tan sólo 15 minutos, Vicente Fox vuelve a invocar los superpoderes de la velocidad inverosímil (Flash nuevamente revisitado, caray) e invoca la creación de su propia historieta laudatoria en tan sólo 48 horas. El equipo dirigido por el ultraconservador y bastante ignorante Oscar González Loyo, que incluye a su hijo, Oscar González Guerrero, y a la esposa de éste, Susana Romero Medina, y a al menos diecinueve personas más, terminaron en dos días una publicación de 24 páginas a color que intenta narrar una ficción en la mejor tradición superheroica: las buenas acciones de nuestro presidente vengador. Titulado “2 de Julio”, este panfleto, cuyo tiraje alcanzó los tres millones de ejemplares, ha sido distribuido masivamente mediante su entrega gratuita a casas habitación, supermercados y lugares públicos. No sorprende que el clan de González Loyo haya aceptado semejante misión: ya antes, sin pudor alguno, profesaba su amor por los cuentos de hadas y había edulcorado con moralina y mediocres pseudofilosofías su adolescente cómic de supermercados, conocido como Karmatron y los Transformables. Antes, González Loyo había colaborado en Las Aventuras de Capulina, Las Aventuras de Cepillín, Las Aventuras de Parchís, Katy la Oruga, Astroboy, Los Picapiedra, Tiny Toons, Gigantor, Kimba y Los Simpsons (éste último como maquila eficiente y barata para la Bongo Comics estadounidense). O sea, no precisamente lo que llamaríamos grandes ejemplos de historietismo de autor.

Sólo hay que respirar hondo, y atreverse a mirar la historieta: compuesto por 130 viñetas, se trata de un producto de pésima calidad comprobable: el guión es un listado de "logros", un monólogo, la expresión de una sola, única, homogénea opinión: la del poder sobre sí mismo. La historieta, como medio narrativo cuyo lenguaje se estructura a partir de la disposición secuencial de imágenes gráficas fijas para representar, narrar y describir el paso del tiempo, es eminentemente un medio dialógico, polifónico: los globos permiten hablar a distintos personajes. Significativamente, sin embargo, ninguno de los personajes en esta historieta mantienen una relación dialógica: el guión está escrito desde un punto de vista perceptual y de una perspectiva ideológica única y fija: la del poder, por lo que, aunque se nos quiera hacer creer lo contrario, todos los personajes, aunque físicamente distintos, son los mismos. Lo que debería ser diálogo se vuelve monólogo: hermosa metáfora de la democracia foxista. Vemos a un Fox superheroico y benefactor (que recuerda mucho al Superman y sus patéticos cómics "humanitarios", o los más recientes, dedicados a mitologizar a los bomberos neoyorquinos) que, más que cumplir con obligadas políticas públicas, realiza obras de caridad (véase, también, las páginas 10 y 20). Le vemos en un gran splash panel final, como el grandioso salvador de una nación que se creía perdida.


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Pura erosión de la responsabilidad: en el cómic titulado 2 de Julio, de lo que se trata es de ensalzar los supuestos logros del gobierno actual, y de paso hacernos también creer que las fallas no son suyas, sino de los gobiernos locales (ahora resulta que los delitos del fuero común no son también responsabilidad federal: bonita manera de delegar obligaciones).

No hay que ser semiólogo para observar críticamente cómo se presenta a "Iván" (cualquier connotación socialista será “pura coincidencia”), de clara facha rockera, pelo largo, botas de plataforma, playera de calavera, como un "negado", que supuestamente cuestiona "los logros del cambio". El equipo de González Loyo (hay que ver la lista de nombres, orgullosos, en la primera de forros) están contribuyendo, incluso inconscientemente ironizando, y, al mismo tiempo ejemplificando, el discurso foxista al estigmatizar y negar al otro. Típico de la demagogia verborréica y analfabeta funcional del foxismo que, cuando se dice, por ejemplo en la página 22, "¡Nunca había visto tantos puntos de vista distintos!", sólo se presente un sólo punto de vista, o sea el que elogia las supuestas acciones de gobierno y la figura del presidente. Es este el mejor ejemplo del foxismo, al disfrazar como un "país plural, donde todas las voces se expresan libremente" (Idem), a un proyecto de nación donde quienes manifiestan su "desacuerdo" son llamados "negados" y son estigmatizados y forzados a la homo-hegemonía del discurso oficial. Debería parecer sospechosísimo, por no decir completamente antiético y antipolítico, si no amoral, el que se niegue la existencia de la demanda "nunca más un México sin nosotros" y ni siquiera se haga una sola mención, gráfica o verbal, al México indígena. Las últimas dos viñetas de la página 18 muestran a un personaje rubio, en posición horizontal, erguida, de pie, de traje, tomando una artesanía de las manos de un personaje femenino de tez oscura, claramente indígena, representada casi a sus pies. Es aquí donde no se puede decir que los "autores" de este panfleto no tengan responsabilidad política, ética y moral al realizarlo: gráficamente también están construyendo el discurso foxista. Como esta historieta, el México Foxista es un país donde todo es pura fachada: el puro reino del eufemismo. Qué mejor manera de disfrazar la polarización radical de la pobreza de millones, la mediocridad de otros y la riqueza inverosímil de unos cuantos con frases como "Una nación de tradiciones ancestrales que coexisten con la más palpitante modernidad". Así, mientras se nos quiere convencer de que el presidencialismo se dejó atrás, las viñetas nos muestran a un Presidente (con mayúscula) más alto y que da de golpecitos condesciendientes en la espalda al legislador de oposición... (Ver pág. 13). O en la viñeta en que se elogia el que al fin, después de "posponerlo años y años", se haya decidido "el lugar más adecuado para la construcción del nuevo aeropuerto", al mismo tiempo que se nos presenta un supuesto piloto aviador que más parece dictador militar de algún país del cono sur. Lejos parecen los días de la historieta como resistencia: en este "cómic" las imágenes no establecen dinamismo, son fijas, no se limitan a ilustrar el discurso oficial, sino que también lo corroboran, lo potencian, y lo maximizan.

1 comentario:

Isaí dijo...

Oscar González Guerrero es el papá y Oscar González Loyo es el hijo (como aclaración)